El propósito de las empresas depende tanto de la ley como de la cultura

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¿Existe una empresa solamente para hacer dinero? Está surgiendo un movimiento global de empresas afirmando que la respuesta a esta pregunta es no. Hay cada vez más empresas que tienen un “propósito”, que refiere a la razón por la que existe la empresa. Más allá de las ganancias económicas, buscan dar soluciones a problemas sociales y ambientales. Miden sus impactos y procuran ser altamente transparentes. Así, operan con la ambición de crear valor para la sociedad y la tierra junto con la generación de un buen retorno para los inversionistas.

El valor del propósito empresarial

En nuestro reporte, “The Value of Corporate Purpose”, revelamos que el propósito empresarial puede generar confianza en la empresa y conducir a la creación de valor. Siempre y cuando sea auténtico, la información sobre el propósito de la empresa puede influenciar la toma de decisiones de clientes, empleados, inversionistas y otros stakeholders. El impacto en las decisiones establece una importante ventaja competitiva.  

La retórica del valor accionarial como barrera

Sin embargo, a la hora de demostrar la autenticidad del propósito, un notable obstáculo es la prevalente ideología del “shareholder value maximization”, entendida como la obligación de maximizar el valor accionarial constantementeEsta ideología domina los mercados de capitales y efectivamente exige a los directores a pensar en sólo en la dimensión financiera de las decisiones. En el actual paradigma corporativa donde todo gira alrededor de la maximización de los beneficios a corto plazo, las consideraciones sociales y ambientales caen abajo en la lista.

Pero, ¿de dónde surge este pensamiento? Algunos dicen que la raíz del problema es la ley corporativa, que establece la primacía de los accionistas. Según la ley, los directores pueden incurrir responsabilidad por poner motivos sociales o ambientales frente al valor accionarial. La amenaza de la responsabilidad legal crea una situación en que los directores optan por evitar el riesgo al centrarse en el valor financiero. Sin embargo, en la mayoría de los países, la realidad es que la ley permite a los directores tomar en cuenta consideraciones sociales y ambientales, pero no crea obligaciones.

Una solución es cambiar la ley

La ley corporativa es importante porque establece las reglas formales que determinan la conducta empresarial. El proceso de incorporación trae a la existencia una nueva entidad legal, y esto nos lleva a reflexionar sobre el propósito de esta entidad.  

Durante los últimos años, la ley corporativa en Estados Unidos se ha transformado. La mayoría de los estados ahora tienen tipos de empresa diseñados para incorporar el propósito en el ADN de la organización. Destacan porque obligan a los directores a considerar el propósito de la empresa en cada decisión. También establecen normas de transparencia y medición de rendimiento. La transformación de la ley corporativa también tiene importancia para América Latina. Países como Chile, Argentina y Colombia ya están impulsando cambios legislativos para incorporar finalidades sociales y ambientales a la actividad empresarial.

La cultura también es importante

La ley es una parte del rompecabezas, pero no es todo. En nuestras conversaciones con empresarios, abogados y expertos en la gobernanza corporativa, hemos escuchado de una y otra vez la necesidad de cambiar la cultura. La cultura incide profundamente en la conducta de los individuos, y define las normas del comportamiento en un determinado contexto.

El resultado de nuestro análisis

Para lograr un mayor entendimiento del rol de la ley y la cultura, hicimos un análisis estadístico de 32 países. Codificamos el grado de primacía accionarial en la ley corporativa y recompilamos data sobre las dimensiones nacionales de cultura. Comparamos esta información con el número de “Empresas B” en cada país. Las Empresas B (también llamadas “B Corps”) son empresas certificadas por la fundación B Lab por su impacto social y ambiental positivo, además de su transparencia.

Primero, descubrimos que existen más Empresas B en países con una cultura más orientada al corto plazo. Segundo, descubrimos que hay más Empresas B en países con un mayor grado de primacía accionarial en la ley corporativa. Interpretamos que los líderes empresarios sienten las presiones tanto de la ley como de la cultura, y que la certificación “B” ofrece una solución a los dos. 

La evidencia sugiere que tanto la ley como la cultura son importantes para habilitar las soluciones empresariales a problemas sociales y ambientales. 

This article is based on a Harvard Business Review article by George Serafeim, Daniela Saltzman and Bronagh Ward which is available here. 

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Por Bronagh Ward